Cantam os animais
I. Culturas pretotemísticas y totemísticas
Melodía del alma
Al decir de Qasi, la melodía que murmura la imagen en el agua es un canto muy sencillo, breve, suave, siempre triste y monótono. Se repite constantemente en igual forma, pero siempre aumenta su intensidad. Puede ser esta melodía un «canto individual de medicina; generalmente se limita a un sonido muy prolongado». Este canto varía de timbre, ritmo y altura según el individuo. Puesto que al acercar su rostro al agua, se ve primeramente la nariz, el timbre «que establece mejor el puente entre la parte mortal y la inmortal del hombre, es el timbre con voz nasal». Se alcanza el punto culminante cuando una persona oye su melodía propia, es decir, la melodía de su propia alma, pero no cantada por ella misma, sino emitida por algo o alguien «que está fuera del cuerpo físico de esta persona» a quien pertenece esa melodía. Nadie puede escapar al dictado imperioso de esta voz. Cuando un ser vivo se encuentra frente a aquel llamamiento de su propia alma exteriorizada, la atracción es fatal. Es la hora de la muerte. «Por esto es muy peligroso ir de noche cerca del agua», porque durante la noche el agua «canta siempre intensamente nuestra sombra»1
. Los mismos dioses no pueden resistir a la llamada de su propia voz en el espacio, cuando ésta se encuentra fuera de sus cuerpos. En la Nueva Guinea basta tocar la flauta del dios Brag para que este dios, al oír resonar su propia voz en la tierra, penetre en seguida en esta flauta.
Concebimos esta división del ser humano en tres planos paralelos con intensidad decreciente, como una serie de círculos concéntricos que evolucionan alrededor de un punto central, en el cual se origina el ritmo fundamental del hombre.
NOTAS